¿Qué vale toda nuestra ciencia,
todo el amor y todo el arte?
Seamos sabios siquiera en parte
según la voz de la conciencia.
Acumulamos cuanto brilla,
inteligencia, poder y oro;
luego nos destruye el tesoro
nuestra soberbia o la polilla.
Sepamos ser sabios un poco
y, aunque no nos comprenda el mundo,
no lleguemos a lo profundo
ni a lo superficial tampoco.
Mas allá de la inteligencia
vuelve a encontrarse la ignorancia,
y a mitad de esa distancia
se alza la fiel de la indiferencia.
Seamos como ahora es el día:
crepusculares, un remanso.
Lo mas divino es el descanso.
Ya el Bodhisatva lo decía.
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